
El Renault 5 y el Super 5 comparten un nombre, un fabricante y una silueta de ciudad compacta. Sin embargo, son dos coches distintos, separados por más de una década de producción y por diferentes elecciones técnicas. Comprender lo que los separa implica volver a su filiación, su concepción mecánica y el estatus que ocupan hoy en el mercado de coleccionistas.
Filiación y reposicionamiento: dos generaciones, un mismo nombre
El Renault 5 original (R5) se produjo a partir de 1972. El Super 5 (o Supercinq) le sucedió en 1984, permaneciendo en producción hasta 1996. A pesar de la denominación similar, el Super 5 no es un restyling del R5: es un modelo completamente rediseñado, con una nueva plataforma y un nuevo enfoque de habitabilidad.
El R5 encarna el estilo de los años 70 con líneas angulosas, faros rectangulares en retroceso y una parrilla estrecha y vertical. El Super 5 adopta un diseño más redondeado, típico de mediados de los años 80, con superficies acristaladas más generosas y una integración más cuidada de los parachoques en la carrocería.
Este paso de generación se inscribe en un contexto donde Renault modernizaba su gama para hacer frente a la competencia del Peugeot 205 y del Volkswagen Golf. Para entender mejor las diferencias entre Renault 5 y Super 5, es necesario ir más allá de la apariencia y examinar la mecánica, el equipamiento y las dimensiones.

Motorizaciones y caja de cambios: lo que cambia bajo el capó
El R5 de primera generación contaba con motores de gasolina de baja cilindrada. La versión básica utilizaba un bloque de pequeña potencia, asociado a una caja de cuatro marchas con mando en el salpicadero. Esta configuración era suficiente para un uso urbano, pero limitaba el rendimiento en carretera.
El Super 5 se benefició de motorizaciones más variadas y potentes. Su gama incluía bloques de gasolina que iban desde el modelo de entrada hasta la famosa versión GT Turbo, así como motorizaciones diésel. La caja de cambios pasó a cinco marchas en la mayoría de las versiones, mejorando el confort de conducción a velocidad estabilizada.
El caso particular de las versiones turbo
El R5 tenía su propia leyenda deportiva con el R5 Alpine y sobre todo el R5 Turbo, un modelo con motor central trasero diseñado para la competición. Este posicionamiento era radical: el motor se trasladaba de la parte delantera a detrás de los pasajeros, transformando el urbano en un coche de rally homologado.
El Super 5 GT Turbo adoptó una filosofía diferente. El motor permanecía en la parte delantera, en una arquitectura clásica de tracción. La potencia provenía de un bloque turboalimentado que ofrecía un rendimiento comparable a los Peugeot 205 GTI y Volkswagen Golf GTI de la época. El GT Turbo siguió siendo un coche de serie accesible, mientras que el R5 Turbo era un objeto casi artesanal producido en cantidades limitadas.
Dimensiones, habitabilidad y equipamientos de serie
Ambos coches son urbanos, pero el Super 5 gana en volumen interior. La distancia entre ejes ligeramente alargada y el trabajo en la arquitectura del habitáculo permitieron liberar más espacio en las plazas traseras y en el maletero.
Los equipamientos de serie también ilustran la diferencia entre las dos épocas:
- El R5 ofrecía un equipamiento mínimo en sus primeras versiones: sin cuenta revoluciones, instrumentación reducida, tapicería básica, dirección no asistida en la mayoría de las versiones.
- El Super 5 integraba según las versiones una instrumentación más completa, cristales tintados, un sistema de calefacción mejorado y, en las versiones altas, dirección asistida y llantas de aleación.
- La fase 2 del Super 5 (a partir de 1987) enriqueció aún más la dotación con retrovisores eléctricos y evoluciones estéticas (parachoques rediseñados, salpicadero modernizado).
La diferencia de equipamiento refleja una década de evolución de los estándares automovilísticos, no simplemente una elección de posicionamiento comercial.

Valor de colección y estatus patrimonial del R5 y Super 5
Desde hace algunos años, ambos modelos han dejado de ser simples coches de segunda mano para entrar en la categoría de youngtimers buscados. La dinámica no es idéntica para ambos.
El R5 Turbo (motor central) alcanza cotas muy elevadas debido a su rareza y su palmarés en competición. Las versiones civiles clásicas del R5 siguen siendo más asequibles, pero su estado de conservación se convierte en un criterio determinante.
El Super 5 GT Turbo ha pasado del estatus de youngtimer accesible al de modelo de colección, con un valor en clara alza. Los ejemplares bien mantenidos y de origen se están volviendo escasos, lo que alimenta la demanda entre los entusiastas.
Renault, de hecho, explota esta doble filiación en su comunicación en torno al nuevo R5 eléctrico. La marca presenta ambos modelos térmicos como un “herencia doble”, un patrimonio sobre el cual se basa la identidad del urbano eléctrico lanzado recientemente. Este reposicionamiento como íconos patrimoniales otorga a los R5 y Super 5 originales una visibilidad renovada, incluso entre un público que no los conoció nuevos.
La distinción entre Renault 5 y Super 5 se debe tanto a la mecánica como a la época que los produjo. El primero sigue siendo un marcador de los años 70, con una simplicidad mecánica que atrae a los aficionados a la restauración. El segundo refleja la subida de gama de los urbanos en los años 80, con un rendimiento y confort superiores. En el mercado actual, es el estado original y el historial de mantenimiento lo que determina el verdadero valor de cada ejemplar.